miércoles, 19 de octubre de 2011

GAS DE CAMISEA/ CORRUPCIÓN Y REGALO DE LA DERECHA A LAS TRANSNACIONALES

15 mil millones de dólares gana Repsol por exportar el gas de Camisea a México-
 

¿Cuanto Cuesta Exportar el Gas de Camisea?

Humberto Campodónico (Actual pdte. de Petro Perú)

La semana pasada, el candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), denunció el contrato de venta del gas de Camisea entre Repsol y el gobierno mexicano. Afirmó que Repsol había obtenido información privilegiada del gobierno, lo que le había permitido ser el único postor en la licitación de setiembre del 2007. AMLO ya entregó toda la documentación (966 folios) a los congresistas de su partido para que investiguen el caso.

La denuncia es la siguiente: afirma que los 500 millones pies cúbicos diarios de gas de Camisea que Repsol compra al consorcio Hunt Oil tienen un valor fijo de US$ 2.45 por mil pies cúbicos (mpc) durante los 15 años del contrato, lo que equivale a US$ 6,000 millones. Pero Repsol va a vender ese gas a México al precio del Indice Henry Hub de EEUU, que es mucho mayor: actualmente es US$ 9.45/mpc. Por tanto, México le va a pagar a Repsol US$ 21,000 millones en 15 años.La diferencia entre lo que Repsol le paga al Perú y lo que recibe de México deja una ganancia de US$ 15,000 millones. Dice AMLO: "esto demuestra que la privatización del sector energético significa jugosos negocios para las empresas extranjeras, Repsol, en perjuicio del interés nacional". Que haya una denuncia sobre un negociado que involucra la venta de gas peruano debiera preocupar. Sin embargo, hasta ahora el gobierno y las empresas no proporcionan su versión de los hechos.La denuncia de AMLO contiene información de alta importancia. Dice que el costo del gasoducto desde Camisea hasta Pampa Melchorita es US$ 0.40 por mpc, que el costo de la licuefacción en Pampa Melchorita es US$ 1.00 por mpc y que el costo de transporte hasta Manzanillo en México en los buques es US$ 0.45/mpc. Dice AMLO que esta información "es pública y fidedigna". Por nuestra parte, la hemos contrastado con fuentes académicas y de la industria y encontramos que se ajusta a los costos actualmente existentes (www.cristaldemira.com, 16/9/07).Pero sucede que en el Perú estos costos no se conocen, porque provienen de un "contrato privado" entre Peru LNG y el consorcio Camisea. Sucede, sin embargo, que estos costos son claves para determinar el precio en boca de pozo, a partir del cual el Estado cobra la regalía del 37%, de la cual el 50% va al Cusco. La transparencia exige que la ciudadanía sepa si los costos de AMLO son correctos.Esto es importante porque el precio en boca de pozo se determina con la metodología del "netback": al precio en México (el Henry Hub menos un pequeño descuento) se le restan todos los costos mencionados. Por tanto, si los costos son altos, el precio en boca de pozo es menor; lo inverso sucede si los costos son bajos. En el cuadro presentamos tres precios distintos del Henry Hub y, como se aprecia, el precio en boca de pozo es mayor (y, por tanto, la regalía también lo será) a medida que aumenta el Henry Hub. En la columna "Precio 2008" se ve que el precio en boca de pozo sería de US$ 7.60/mpc.AMLO dice que el precio al que Repsol le compra el gas a Peru LNG es fijo cuando es fluctuante, como hemos visto. Se sabe que hay un "netback" (lo que no se conoce son los costos que lo componen). Lo que sí es cierto es que los vendedores de gas obtendrán ingentes utilidades por la diferencia entre el precio de venta a México y el costo. De otro lado, AMLO señala que México va a pagar un precio caro por el gas, porque ese precio está ligado al Henry Hub. Eso es cierto porque el Henry Hub oscila con el precio internacional del petróleo. También es cierto que esa política de precios la estableció el gobierno mexicano hace ya varios años y no recientemente.Para terminar, reafirmamos que el gas de Camisea solo debe exportarse en la medida que se asegure el abastecimiento del mercado interno por un horizonte permanente de 20 años, lo que no sucede ahora. De otra manera, en algunos años, si hay escasez de gas, la prioridad será el mercado interno y a este contrato le pasará lo mismo que a Argentina con Chile. Dicho esto, también es importante que los costos de producción y transporte sean transparentes y conocidos por la ciudadanía. La denuncia de AMLO permite poner este punto en la agenda.

UN FANTASMA RECORRE LOS ESTADOS UNIDOS, LOS INDIGNADOS GERMINAN UNA PROPUESTA DE CAMBIO

Eduardo Gonzales Viaña: Un fantasma recorre Estados Unidos

Un fantasma recorre Estados Unidos
Eduardo Gonzales Viaña
www.elcorreodesalem.com
Un fantasma recorre Estados Unidos... y ahora todo el mundo. Es el fantasma de la protesta social. Comenzó en Wall Street, el corazón del capitalismo. Se extendió a cien ciudades norteamericanas. Ahora está en todo el planeta. Hay gente de todas las edades, razas, religiones, clases sociales, niveles de educación, empleados y desempleados, sindicalistas, estudiantes y profesores universitarios, obreros de "cuello azul" y funcionarios de un nivel más alto, gente que ya está fuera del trabajo o que tiene miedo de perderlo muy pronto si las cosas aquí no cambian.
Ellos saben bien quiénes son, y lo dicen: "Somos el 99 por ciento. Somos los que producimos los bienes y servicios.”
¿Qué quieren los indignados?
Quieren que el uno por ciento cese de seguir jugando con sus vidas. Quieren un cambio completo del sistema. Para resumir:
1) saben que Wall Street causó la crisis;
2) saben que Wall Street es responsable del mayor desempleo desde los tiempos de la Gran Depresión;
3) saben que los super-ricos se están volviendo más ricos;
4) saben que los super-ricos están pagando menos impuestos;
5) saben que los millones de dólares dispuestos por el gobierno para salvar la economía fueron directamente al bolsillo de los grandes empresarios;
6) saben que el gerente general de una corporación gana billones al año y, sin embargo, paga menos impuestos que su secretaria.
En lo político, el futuro es sombrío. Los republicanos han ocupado el Congreso y acaban de rechazar el plan del presidente Obama para crear nuevos puestos de trabajo. Los precandidatos republicanos-uno de los cuales puede llegar a ser presidente-son un grupo de fundamentalistas entre los cuales uno de ellos prohibiría en las escuelas la enseñanza de la evolución. El esposo de la única candidata femenina dirige un establecimiento supuestamente de salud para "curar homosexuales".
La izquierda gringa se enredó en los pantalones
En el 2008, cuando el sistema financiero se derrumbó, muchos pensamos en Estados Unidos que el momento del gran cambio había llegado. Las evidencias de que el capitalismo era una estafa y un fracaso se acumulaban, y los banqueros de Wall Street- sin poder ocultar la culpa- se tapaban la cara con las manos frente a los periodistas y a la policía. Se suponía que las calles iban a llenarse con manifestantes contra el capitalismo. En ellas se juntarían los jóvenes mutilados que regresaban de la guerra en Irak, los maestros y los policías despedidos debido a la crisis, los millones de desocupados, los muchachos que no encontraban opción alguna en el mundo laboral y, por fin, las familias que de un día para otro se habían encontrado con sus cosas en la calle debido a la intervención de algún banco. Se supuso que los culpables del delito-convictos y confesos-serían juzgados por robo, por estafa y por sus crímenes contra la humanidad. Se suponía que, en los Estados Unidos, la gente elegiría gobiernos de izquierda y se pondría a pensar en una forma alternativa de vivir ajena al egoísmo y la perversión del sistema capitalista. Algo comenzó a suceder. En los comicios, se impuso un carismático y progresista demócrata, Barack Obama, quien prometía, entre otras cosas, seguro de salud para todos, algo que era revolucionario en un país donde 50 millones de personas no lo tienen. Tres años después, sin embargo, al contrario de todo lo que se esperaba, muchos ciudadanos se fueron hacia la derecha y votaron por el partido republicano. El Presidente Obama fue lapidado como "socialista" por su programa de salud. Por otro lado, alentado por multimillonarios préstamos del gobierno, el viejo sistema financiero ha sido plenamente restaurado. ¿Qué le pasó a la izquierda al comenzar la crisis? ¿Por qué no supo señalar un camino para el cambio? Creo que las “políticas de identidad” asumidas por ella en las últimas décadas le restaron energía y coherencia. Según las mismas, las contradicciones fundamentales de la sociedad son las de etnia y género (sexo). La lucha de clases prácticamente ya no tiene que ver con la historia. ¿Es posible imaginar diferencias en la sociedad sin explotación y dominación? La "diferencia" que constituye la clase como una "identidad" es, por definición, una relación de desigualdad y poder, en una forma en que las "diferencias" sexuales o culturales no tienen por qué serlo. En el caso presente, la izquierda norteamericana no supo señalar una alternativa. Perdió profecía y contundencia. Se enredó en los pantalones. Ahora, los “indignados” de Wall Street y del resto del mundo han reivindicado la lucha de clases cuando proclaman y reiteran: “!Somos el 99 por ciento!” Café y donuts con los indignados Hoy a las 7 de la mañana me he encontrado con una familia que pasó la noche acompañando a los indignados cerca del Capitolio de Salem. Compartimos un café y unos “donuts”, y los felicité por el cartelón que llevaban: “Los banqueros nos quitaron la casa, pero ya no estamos solos. Nos acompaña el 99 por ciento.” Con este mensaje, va también la invitación a visitar mi página web: www.elcorreodesalem.com

lunes, 17 de octubre de 2011

MOVIMIENTO DE INDIGNADOS, UNA GESTA QUE ESTÁ QUERIENDO MOVER EL MUNDO

Occupy Wall Street: Un movimiento sin color y sin partido

Cuarta semana de protestas en Wall Street. Foto: AP

Cuarta semana de protestas en Wall Street.
Foto: AP

MÉXICO, 14 de octubre (apro).- Leonardo López es mexicano por ascendencia, pero nació en Estados Unidos. Decidió participar en la protesta de los indignados en San Francisco y en Oakland, a raíz del arresto de 700 indignados durante la marcha del 1 de octubre en el puente de Brooklyn.
Leonardo ofreció a Occupy San Francisco imprimir 24 mil volantes. Como no podía asumir el gasto personalmente, se arriesgó a recaudar fondos en su trabajo, donde laboran personas angloestadunidenses, afroamericanas, asiáticas y latinas, gente cuya edad oscila entre los 35 y los 50 años de edad.
“Me quedé sorprendido de la respuesta que obtuve y pude cubrir los gastos”, dice Leonardo.
Esto le comprobó el apoyo de la gente, pero también el hartazgo general y el agotamiento de los medios convencionales.
“Yo creo que este es el comienzo de un movimiento nunca antes visto en Estados Unidos, un movimiento sin color ni partido. Un movimiento del pueblo contra la estructura del poder, los bancos y grandes corporaciones que la controlan. Es un movimiento que se está dando en el corazón del imperio y que resonará a nivel mundial”, sostiene.
Y añade:
“Las minorías se están uniendo, se está corriendo la voz. Lo malo es que existe una campaña para restarle importancia por parte de los medios informativos”.
Entrevistado por Apro, Kalle Lasn, editor y fundador de Adbusters.org, revista y proyecto cultural que apoyaron la gestación de Ocuppy Wall Street, cree que el movimiento surge en un contexto grave para los jóvenes: la crisis financiera, política y ecológica, y alimentada por el sentimiento de injusticia.
“En Seattle (las protestas antiglobalización de 1999) el ánimo era totalmente diferente –dice–. Hoy los jóvenes ven su futuro como un gran hoyo negro (…) Cuando ven a sus líderes políticos, a los empresarios, se dan cuenta de que el sistema político está corrompido por el dinero de las corporaciones que entra al Congreso”.
Si bien ya existía un antecedente en las protestas altermundistas de Seattle en contra de la Organización Mundial de Comercio, el movimiento de los indignados de Wall Street se ha extendido una década después, llevando su denuncia hasta el centro del poder corporativo.
El polémico documental La Corporación, difundido en 2003, explica cómo las compañías dejaron de ser entidades económicas con un fin específico y adoptaron la figura de “persona moral” en 1886, aprovechando la Decimocuarta Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, que permitía darle voz y voto a los afroamericanos.
A partir de entonces, dice el documental, las corporaciones, legalmente constituidas como sujetos se sienten obligadas a poner las ganancias encima de cualquier cosa, incluso encima de la responsabilidad social, de las leyes, de la vida…
El 1%
El discurso de los indignados de Estados Unidos es parecido al del documental. En el cartel más clásico que se muestra en las fotografías de las marchas se lee: “Terminemos la avaricia corporativa”.
“Toda buena idea se evapora cada que hay resistencia del gran capital”, dice a Apro Dan Marks, de Hard Truth, una organización que realiza labores de cabildeo con el propósito de resolver problemas de la población media de Estados Unidos.
“Ideas simples que tienen 80% de apoyo se vienen abajo porque los políticos tienen miedo de perder el apoyo de sus patrocinadores y no les importa la voluntad popular”, sostiene.
“Es el 1% de la población. Se trata de las personas que están en los grandes edificios de Wall Street jugando a los juegos del dinero, las que hace dos años, en 2008, crearon este desastre económico”, señala Kalle Lasn.
Agrega:

“Ni uno solo de estos especuladores ha sido llamado ante la justicia. Nadie ha dicho: ‘lamento lo que hice’”.
Uno de los principales puntos característicos del movimiento es evaluar quiénes son los verdaderos beneficiarios del American Dream.

“La gente lentamente se ha hecho a sí misma esclava del sueño americano, el cual requiere mucho trabajo”, dice a Apro Giovanna Trimble, integrante del equipo de medios del movimiento Ocuppy en Los Angeles, California.
“Estas grandes corporaciones son alimentadas por nosotros en nuestro deseo de alcanzar lo que es la meta ideal. Creo que lentamente la sociedad estadunidense comenzará a ver que todas estas posesiones materiales por las que trabajaron tan duro y que ahora han perdido, no lo valían”, denuncia.
El pequeño documental El uno por ciento, transmitido por la cadena de televisión Al Jazeera el pasado 12 de octubre, dice: “En Estados Unidos, un lugar donde se supone que todos tienen una oportunidad de llegar a la cima, la riqueza está sumamente concentrada y la sociedad es inequitativa”.
Este 1% tiene una cuarta parte de los ingresos del país y 40% de los bienes. Los impuestos a los ricos suman 35% del total, el más bajo desde 1960, década en la que se mantuvo cerca del 91%.
Kalle Lasn explica: “Antes Estados Unidos era un país de manufactura, de gente que trabajaba. Ahora ya nadie quiere estar en las fábricas. Los estadunidenses son felices estando en restaurantes y la economía se ha concentrado en los servicios. En los últimos 20 años la gente no ha trabajado más que especulando con el dinero, en la banca o en el casino. Ya no es cool vivir en la forma de vida americana”, remata.
El 99%
“No sólo es Estados Unidos. No es tan bueno ser europeo. Hay un sentimiento de declive de la civilización occidental”, continúa Lasn.
Según el editor de adbusters.org, es hora de comenzar la búsqueda de modelos sociales más inclusivos, más equitativos:
“Nuevos valores deben reemplazar los valores consumistas, agresivos, tan opulentos. Creo que la nueva generación comenzará con este movimiento”, afirma.
Pero esta no es la percepción de todos.
Ann Coulter, comentarista de Fox Business, ya tildó de totalitarios a los integrantes de Occupy Wall Street. Además, comparó su razonamiento con el de los nazis o el de los bolcheviques cuando estaban a punto de llegar al poder. Incluso Fox News llegó a tildarlos de “jóvenes jipis” que no representan a nadie.
“Cualquiera que ha participado en una asamblea general sabe que no es el caso (…) Como experiencia personal, puedo decirte que incluso tenemos banqueros aquí”, comenta Giovanna Trimble, quien explica que los medios tradicionales prefieren ver las carencias del movimiento que mostrar las imágenes en las que maestros, policías, rabinos, cristianos e incluso algunos exmarines muestran su apoyo a las marchas.
Estos aparecen en fotografías que difunden medios independientes como occupywallst.org, MoveOn.org, 350.org y democracynow.org
“Esa es nuestra demografía: somos el 99% de la humanidad”, dice la activista de Occupy Los Angeles.
“La realidad es que la gente de Estados Unidos no está acostumbrada a levantar su voz y a tomar acción. Han vivido con la creencia de que el sistema funciona para ellos y que los políticos que los representan hacen el trabajo para el cual fueron elegidos”, dice Leonardo.
“Esto está cambiando. Se está hablando muchísimo del movimiento, aunque aún no veas mucha gente en las calles y a pesar de los esfuerzos por opacarlo”, explica.
Dan Marks dice que Occupy Wall Street es un movimiento único y democrático, pero no es tan visible, pues no tiene líder ni persona que lo conduzca.
“No podemos depender de nuestros líderes para tener mayores cambios, especialmente cuando están comprados por las corporaciones”, dice Marks. “La gente camina en la calle por su propia cuenta. No necesitaron que alguien se los dijera, sólo actuaron”, añade.
La característica de la ausencia de líderes se explica por el uso de redes sociales. Adbusters.org dice que el movimiento está inspirado en el éxito de la plaza Tahrir en Egipto y las acampadas españolas, dos movimientos también horizontales, sin líderes.
“Creo que por ahora esta loca demanda sin liderazgo, que está empujando soluciones exponencialmente, ocurre en cientos de ciudades estadunidenses”, dice Lasn.
“Por el momento se trata de eso: de tener un horizonte, de empoderar a la gente. El que no sea claro el propósito da más poder, pues habrá una gran conversación nacional, en todo el mundo”, menciona el editor de adbusters.org.
Según el también documentalista y activista, en los próximos meses habrá demandas más claras. En el invierno se pedirán cosas como el Robin Hood tax (impuesto a los ricos), se verá la forma de detener la especulación con el dinero, una reforma bancaria y el modo de evitar la entrada de dinero de las corporaciones a Washington.
Al hablar sobre los intereses corporativos y de consumo que la guerra contra el narcotráfico ha traído en México, Lasn explica que este cambio de valores implica una revisión de la forma en la que se vende y en la que se consume, incluidas las drogas y las armas.
“Al final cada revolución es cultural. Qué comprar, qué hacer. Cada revolución es una revolución de la vida diaria y de la participación en la vida pública”, afirma.
Y considera que “el 15 y especialmente el 29 de octubre serán muy importantes. En éste último día se reunirán jefes de Estado en Francia. Creo que habrá marchas de millones en todo el mundo, similares a las de la guerra en Irak”.

¿COMO SON LAS COSAS?

lunes, octubre 17, 2011

¿Existe lucha de clases?


Vicenç Navarro / Mariátegui
16/10/11


Warren Buffet es uno de los ricos más superricos de EEUU y del mundo. Se caracteriza por ser inteligente, por conocer muy bien la realidad que le rodea y por hablar muy claro, frecuentemente en contra de la clase social a la que pertenece. Es, como The Wall Street Journal lo define, un “traidor a su clase”. Entre sus declaraciones, la más citada por los no ricos es aquella en la que indicó que, en contra de aquellos que creen que ya no hay clases sociales en EEUU (y que, por lo tanto, asumen que el concepto de lucha de clases es anticuado e irrelevante), la realidad que él conoce es que sí que hay clases sociales y que también existe una lucha entre ellas en la que su clase –los superricos– gana cada día a costa de los intereses de la mayoría de la población, que consigue sus rentas a partir del trabajo en lugar del capital.

Tal señor escribió recientemente un artículo en The New York Times, Stop Coddling the Super-Rich (Basta de mimar a los superricos, 15-08-11), en el que explicaba los impuestos que él paga comparándolos con los que pagan los empleados de su compañía (él es un inversor financiero). Señala que pagó este año en impuestos 6.938.744 dólares, lo cual, señala, es una cifra más que respetable. Pero tal cantidad es menos del 17% de sus ingresos anuales, un porcentaje mucho menor que el de sus empleados, cuyo porcentaje varía desde el 33% al 41%, con un promedio (de los empleados de su despacho) de un 36%. Considera, con razón, que ello no es justo. Y subraya que los superricos no están contribuyendo al sacrificio general que el Gobierno federal de EEUU está pidiendo de todos los ciudadanos para salir de la crisis. A ninguno de los superricos se le ha pedido hasta recientemente que haga ningún sacrificio, y ello a pesar de que –tal como señala Buffet– la crisis les ha ido muy bien a los superricos.

¿Y cómo puede ser que paguen mucho menos en impuestos que la clase trabajadora y que las clases medias? Buffet lo dice claramente. La mayoría de su renta deriva de los beneficios que consigue de sus inversiones (la mayoría inversiones financieras). Es decir, es dinero de lo que antes se llamaba el capital financiero. Subraya Buffet que los impuestos sobre las rentas del capital (como el Impuesto de Sociedades) gravan mucho menos que las rentas del trabajo, lo cual le parece una profunda injusticia. Según él, todas las rentas, tanto las derivadas del capital como las derivadas del trabajo, deberían gravarse por igual, sin privilegios (como ocurre ahora) a las rentas del capital, que se gravan mucho menos. En realidad, no sólo gravan menos, sino que incluso han ido descendiendo más y más, bajo el argumento de que disminuir tales impuestos al capital facilita la creación de puestos de trabajo. La sabiduría convencional en el conocimiento económico –que, en general, está sesgado a favor de las rentas del capital– promueve políticas que favorecen estas últimas a costa de las rentas del trabajo, argumentando que es necesario incentivarlas para conseguir más inversión y más empleo. Pero, como Buffet señala en su artículo en The New York Times, los ingresos derivados del capital han crecido astronómicamente para los superricos, a la vez que los impuestos sobre tales rentas han ido disminuyendo y, sin embargo, la creación de puestos de trabajo en EEUU ha sido menor que antes (de 1950 a 1980) cuando las rentas del capital se gravaban mucho más que ahora.

En realidad, las políticas fiscales que definen quién paga impuestos y en qué cantidad no vienen definidas por factores económicos, sino por factores políticos, lo cual quiere decir por el poder e influencia que distintos colectivos de personas tienen en nuestras sociedades sobre las instituciones políticas (y mediáticas). Y de estos colectivos, los ricos y superricos (lo que solía llamarse la clase capitalista o burguesa, términos hoy abandonados por considerárseles anticuados) son los más influyentes. El hecho de que no se hable de clases sociales y lucha de clases en España se debe precisamente a su enorme poder sobre las instituciones políticas y mediáticas. Como consecuencia, la versión convencional de la estructura social de nuestros países afirma que las clases sociales básicamente han desaparecido, puesto que la mayoría de ciudadanos pertenece a la clase media, aceptando que por encima están los ricos –la clase alta– y por debajo los pobres –la clase baja–. Por lo demás, hablar de clase capitalista o burguesía, pequeña burguesía, clase media y clase trabajadora (la mayoría de la población) se considera ser muy anticuado. Las ciencias sociales, sin embargo, son ciencias. Y la clase social es una categoría científica. Y en ciencia no debe confundirse antiguo con anticuado. La ley de la gravedad es muy antigua, pero no es anticuada. Si lo duda, salte de un cuarto piso y lo verá. Y esto es lo que está ocurriendo a gran parte de las izquierdas gobernantes. Están saltando del cuarto piso y están cayendo en picado.

El famoso dicho del presidente Zapatero de que “bajar impuestos es de izquierdas”, continuando unas políticas iniciadas en España por el Partido Popular, ha favorecido enormemente a la clase capitalista (es decir, aquel colectivo que deriva sus rentas del capital), que como bien dice Buffet, existe. Y los datos de la Agencia Tributaria española así lo documentan. Mientras que los ingresos al Estado derivados de la gravación a las rentas del trabajo han ido aumentando desde 2006 (pasando de representar 430.428 millones de euros en 2006 a 494.431 millones de euros en 2010), las derivadas del capital han descendido considerablemente, pasando de 75.027 millones de euros a 53.455 millones de euros, y ello en gran parte, como consecuencia de las bajadas de impuestos, sobre todo a las rentas superiores y del Impuesto de Sociedades. ¿Dónde está la versión española de Buffet?


Vicenç Navarro. Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra

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